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LOS HIJOS DE LA LUNA
Los Yanomamis se consideran a sí mismos, Hijos de la Luna, herederos de un espíritu. cuya sangre les da vida
Los Yanomami se representan a sí mismos como "Pulipulibará" (Luna).
"Pulipulibará" Era un sabio de cielo que robaba los restos de los primeros, Sanemá-Yanoama. que aún no tenían la sangre de hoy y morían muy rápido como mariposas.
Pulipulibará tenía abundante sangre celeste y piedras rojas impregnadas de sangre de vida. Para mantener siempre esa cantidad de sangre, Pulipulibará se robaba los cuerpos aún frescos de los Sanemá- Yanoma, con su poca sangre artificial, hecha de agua y onoto.
Los Sanemá-Yanoama, horrorizados, decidieron entonces enterrar temporalmente sus muertos hasta su entera desintegración, para luego volver a desenterrarlos y proceder a la cremación y a la gestión de las cenizas de sus seres queridos pero pese a esta preocupación, “…Pulipulibará olía la sangre aún fresca de los cuerpos recién enterrados y seguía robándolos, como a veces…” no se daba cuenta de los cadáveres enterrados profundamente, bajaba de noche a los pueblos dormidos de los Sanemá Yanoama y ahogaba a las mujeres, robándoles la sangre y el corazón.
Un grupo de sabios –los (Sabulitepwan) decidieron flechar a la luna (Pulipulibará). Cargaron sus arcos, con el manojo de flechas bien apretado en la mano izquierda.
Raki, raki, raki !
tendió el arco uno de los sabios. La cuerda tensa hasta casi romper el arco, apunto hasta la luna (Pulipulibará).
El sabio soltó la cuerda. tashshsh, shhh, shh…
la flecha se remontó hasta casi alcanzar a Pulupulibará, pero erró en el blanco, volvió a caer sobre la tierra y quedó clavada en el suelo, oscilando, klim, klim! a un lado y al otro.
Otro sabio tomó su arco, tensó y soltó la cuerda violentamente varias veces repetidas tak, tak, tak, para cerciorarse de que la cuerda de su arco estaba bien tensa, mojo la cuerda y la retorció sobre sí misma muchas veces entre las dos palmas de sus manos. Luego, volvió atarla al arco, con un violento esfuerzo de la rodilla.
Apunto la flecha a la luna y Kliiinn! la cuerda tensa hirió seriamente en la muñeca al gran sabio La flecha subió al cielo, pasó rozando a Pulipulibará y volvió a caer ¡tak! En la tierra.
Varios sabios intentaron pero no pudieron mas que rozarla,
Fue cuando Yuhilinawai. El máximo sabio, cargo su arco y su manojo de flechas y se tendió de espaldas en el suelo. Sosteniendo con los dedos gruesos de los pies, lo tendió con toda su fuerza de sus rodillas y de sus muslos. Los músculos de sus muslos temblaban, kli, kli, kli…, violentamente y solto Fhsss!
la flecha se clavó casi de inmediato en pleno ombligo de (Pulipulibará)la luna y quedó un largo rato oscilando y oscilando. Luego paró y comenzó a sangrar: ¡tak!, una gota, ¡tak! otra gota… y otra, y otra.
Las gotas caían en la tierra sobre la cabeza de los Sanemá-Yanoama todavía blandos y efímeros a causa de la sangre artificial de agua y onoto que tenían.
En las mujeres, las gotas de sangres celestres entraba dentro de sus vientres, se llenaban y las mujeres se sentían molestas y pesadas. Tuvieron que sentarse en el suelo para arrojar, por la vulva, el exceso de carga vital. Desde entonces, las mujeres tienen menstruación y se ven obligadas a sentarse en el suelo sin hacer nada durante dos o tres días, esperando que la sangre donada por la herida de Pulipulibará, salga de ellas, para liberarse del exceso de vida.
Pulipulibará-Luna no murió, pero sigue sangrando, siempre con la flecha clavada en su ombligo y dando sobre abundancia de vida tanto al pueblo Sanemá-Yanoma, como a las criaturas y a las flores y a los frutos de la tierra. Por eso, los Sanemá-Yanoma son y se consideran realmente como los hijos de la Luna.

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